Fundación Bogotá Mía

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sábado, 7 de enero de 2017

Por una mejor ciudad: es momento de asumir retos a nivel individual y colectivo.

Mural artístico en el marco de la
VI Feria Internacional de Movilidad y Transporte 2013. 
Para poder hacer ajustes en nuestra rutina diaria y desarrollar acciones que contribuyan de una manera más inteligente y consistente al logro de nuestros objetivos a nivel personal, familiar, académico, laboral y colectivo, buscando siempre la excelencia, debemos hacer periódicamente un balance de los logros alcanzados, las tareas que se encuentran en proceso y las que están pendientes. La vida es muy corta y las oportunidades que nos son dadas son muy valiosas como para desperdiciarlas, asumiendo de manera negligente nuestra responsabilidad en la mejora de nuestra calidad de vida, la de nuestros seres queridos y de nuestra ciudad.   

Hacer este tipo de reflexiones desde una perspectiva exclusivamente individual es algo contraproducente, porque en realidad, las oportunidades que nos da la vida para nuestro desarrollo y el de nuestros seres queridos son en gran medida resultado de las acciones de otras personas e instituciones de carácter público y privado, como ocurre cuando accedemos a servicios de salud, educación, transporte público, etc.; por lo que es muy importante avanzar en la construcción de sentido de pertenencia y comprender lo siguiente:

La condición humana de vivir en sociedad implica una influencia insoslayable del entorno en el psiquismo de la persona. A través de las relaciones con los otros se gestarán las más importantes herramientas y características de cada uno de nosotros. La relación con otro es la base para la construcción de la autoestima, de la identidad y el desarrollo personal en general, partiendo de ese uno indispensable que es la madre, sin la cual no puede haber vida[1].

De lo anterior, se desprenden dos reflexiones. En primer lugar, antes de mirar hacia delante para avanzar en la consecución de nuestros objetivos, debemos mirar cómo se encuentran los seres a quienes les debemos gratitud por su entrega y su compromiso con nuestro bienestar, madre, padre, tíos, abuelos, hermanos, parientes cercanos o quien haya hecho las veces de nuestro ángel de la guarda cuando lo necesitamos, siempre debemos brindarles nuestro apoyo y nuestra compañía, debemos valorar sus aportes materiales e inmateriales en nuestros momentos de necesidad. Cualquiera sea su condición social, su apoyo, su esfuerzo y su entrega son un reflejo de la abundancia que hay en su corazón. En segundo lugar, debemos dimensionar el importante papel que juegan nuestros conciudadanos, nuestra ciudad –la que metafóricamente podría ser vista como una madre- y las características culturales de nuestra sociedad en nuestro desarrollo y el de nuestros seres queridos, al igual que el impacto de nuestras acciones y omisiones en la vida de las demás personas y en el devenir de nuestra sociedad.

Pero, ¿cómo se puede avanzar en el cumplimiento de nuestros propósitos incluyendo los de nuestra ciudad?

Para lograr nuestros propósitos es necesario desarrollar todas y cada una de nuestras actividades diarias de manera ejemplar, haciendo bien cada cosa, por pequeña que parezca. Aristóteles decía que “adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta”, y esto cobra especial importancia en la forma en que decidimos ejercer ciudadanía y la responsabilidad que asumimos por las consecuencias de cada una de nuestras actuaciones. No podemos seguir relativizando y minimizando el impacto de acciones como desconocer las señales de tránsito, conducir en estado de embriaguez, arrojar basura en las calles, reaccionar de manera irreflexiva frente a otras personas, evadir el pago de nuestras obligaciones tributarias, dar mal ejemplo, pensar solo en la satisfacción de nuestros intereses inmediatos afectando el bienestar colectivo, olvidar que quien para nosotros puede ser un extraño es el ser más querido y preciado de otras personas, el sustento de una familia, la razón de vivir de alguien, y que por lo tanto merece todo nuestro respeto y le debemos tratar de la misma forma en que nos gustaría que los extraños nos trataran a nosotros y a nuestros seres queridos, entre otras cosas. Estas acciones son minimizadas por las personas individualmente, pero la suma de miles de personas que piensen y actúen de esta forma produce un gran daño en nuestra sociedad.

Siempre será un buen momento para asumir o renovar el compromiso de actuar orientados por un fuerte sentido del deber, con el reto de superar las expectativas de las personas que interactúan con nosotros -desde el más humilde hasta el más poderoso-, asumiendo el compromiso de dejar una huella positiva en la vida de los demás, recordando que las personas con las que compartimos las incomodidades del transporte cada mañana, se levantan al igual que nosotros con el propósito de lograr sus objetivos, con problemas y dificultades, a los cuales no debemos sumar nuestra falta de Cultura Ciudadana.  

Es momento de dar gracias a Dios y a nuestra ciudad por todo lo que nos han permitido lograr, por todas las oportunidades, por sus espacios, por sus dinámicas. Es momento de asumir nuestra cuota de responsabilidad con el bienestar de los demás y con la construcción de una mejor ciudad, una ciudad en donde florezcan en su máximo esplendor todos los seres humanos. Eso no implica desconocer las dificultades que tenemos a nivel urbano, pero si nos recuerda que debemos asumir una actitud responsable, proactiva y resiliente frente a los problemas de carácter público, reconociendo que las debilidades de nuestra querida ciudad son resultado de nuestras acciones y omisiones porque la ciudad no se auto-determina, somos todos y cada uno de nosotros los responsables de la ciudad que tenemos.

Aunque esta reflexión la escribo pensando en mi amada Bogotá D.C., es útil para todos nuestros compatriotas y para todas las ciudades de mi querida Colombia. Reciban todos un saludo fraterno, le pido a Dios que nos bendiga a todos, que nos fortalezca espiritual, intelectual, física y emocionalmente, para poder lograr nuestros objetivos y construir mejores ciudades y un mejor país, para que así todos podamos hacer realidad nuestros sueños.

Nathalia Rocío Mendoza Barón. 
Directora Ejecutiva de la Fundación Bogotá Mía. 
Imagen tomada en un mural artístico en el marco de la 
VI Feria Internacional de Movilidad y Transporte 2013. 





[1] Cuerpo, imagen e identidad. Una relación (im)perfecta. Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 58 [ISSN: 1668-0227] Cine y Moda. Cuerpo, Arte y Diseño. Año XVI, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 376 páginas. Disponible en:

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