Fundación Bogotá Mía

Get Adobe Flash player

sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Cómo podemos avanzar en la construcción de una mejor Ciudadanía y una mejor Ciudad haciéndole frente al relativismo?

“… y sé que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso; y que sus fines y paraderos son diferentes; porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en la muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin;[1]

En ocasiones pensamos que la solución a nuestros problemas está en las manos de personas que ocupan cargos de poder a nivel político, económico, de seguridad y administrativo, erróneamente creemos que ellos, con grandes decisiones van a cambiar la realidad que TODOS hemos construido y construimos día a día con nuestras mal llamadas “pequeñas” acciones u omisiones. Cómodamente dejamos la responsabilidad de construir una mejor sociedad en manos de los demás, creyendo que lo que cada uno de nosotros hace está bien y que los errores están en los demás. Sobredimensionamos nuestra condición como sujetos de derechos y relativizamos nuestra responsabilidad en el cumplimiento de nuestros deberes, hemos olvidado que “compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos”[2], de allí la importancia de “urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario”[3].

Debemos dejar de lado la creencia de que los “grandes” cambios dependen de “grandes” medidas tomadas por otros, es importante hacer un ejercicio de reflexión autocrítica sobre la forma en que ejercemos ciudadanía para saber si nuestro comportamiento corresponde al de un ciudadano, o por el contrario solo nos comportamos como creaturas interesadas en satisfacer a cualquier precio nuestras necesidades, buscando siempre el camino más fácil, desconociendo el valor de las demás personas, de nuestra ciudad y de toda nuestra sociedad, violando las normas, promoviendo la cultura de la ilegalidad, anulando el valor del bienestar colectivo y de lo público.  

Como resultado de esa autocritica debemos renovar nuestro compromiso individual en la construcción de una mejor ciudad, mejorando aquellos aspectos en los cuales no nos estamos comportando de la mejor manera y asumir el propósito de cualificarnos como seres humanos para ejercer ciudadanía de manera constructiva, asumiendo como propia la tarea de construir un mundo mejor para nuestros seres queridos, conciudadanos y para las actuales y futuras generaciones, recordemos que “al lado de los macroproyectos son necesarios los microproyectos y, sobre todo, es necesaria la movilización efectiva de todos los sujetos de la sociedad civil, tanto de las personas jurídicas como de las personas físicas”[4].

Contrario a la idea propia del relativismo que busca un mínimo de estado y un máximo de individuo, día a día vemos que el papel de los Estados “parece destinado a crecer, recuperando muchas competencias. Hay naciones donde la construcción o reconstrucción del Estado sigue siendo un elemento clave para su desarrollo”[5]; de la misma forma debemos redimensionar el papel de la ciudadanía para poder consolidar mejores dinámicas de relacionamiento entre nosotros y replantear nuestro impacto con el medio ambiente y nuestros entornos urbanos, creando una inteligencia colectiva que nos permita abordar de la mejor manera los desafíos inherentes a los Doce Escenarios propios de los entornos urbanos, para lo cual es necesario retomar valores, principios y virtudes sociales como la “Amistad, Lealtad Bondad, Camaradería, Cortesía, Dignidad, Fortaleza, Honradez, Justicia, Lealtad, Persuasión, Sinceridad, Solidaridad, Templanza, Veracidad”[6].

Los problemas que hoy nos afectan tienen un anclaje cultural que legitima y fortalece la cultura de la ilegalidad, el individualismo, la violencia etc., no podemos olvidar que “en efecto, mucho depende del sistema moral de referencia”[7], y es precisamente ese sistema el que tenemos que reconstruir empezando por nosotros mismos, actuando con resiliencia, optimismo, disciplina, autocontrol, trabajo y mucha confianza en el valor de nuestras decisiones diarias, ya que estas le dan forma a nuestras costumbres y estas determinan la calidad de nuestras relaciones sociales; en este momento de nuestra historia cobran importancia las palabras de Alexis de Tocqueville, quien en su obra: LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA, afirmaba estar “convencido de que la situación más afortunada y las mejores leyes no pueden mantener una constitución a despecho de las costumbres, en tanto que estas sacan aun partido de las posiciones más desfavorables y de las peores leyes. La importancia de las costumbres es una verdad común a la cual el estudio y la experiencia conducen sin cesar”[8].

El crecimiento de la población en los centros urbanos a nivel mundial trae consigo un crecimiento significativo de las necesidades a satisfacer por parte de la población, y aunque en términos generales las ciudades son lugares que ofrecen muchas oportunidades, lamentablemente, la institucionalidad pública y privada no cuenta con la posibilidad de ofrecer respuestas a todos los actores de la sociedad, a lo que se suma que “la rápida urbanización, asociada a la ausencia de adecuados servicios básicos y sociales, infraestructura e institucionalidad, contribuye a las altas tasas de criminalidad”[9].

Diariamente crece el desafío de construir las condiciones adecuadas para que en nuestras ciudades florezca el ser humano y encuentre oportunidades de desarrollo académico, económico, personal, familiar, cultural y social. Debemos hacer un esfuerzo individual y colectivo por desarrollar la habilidad de pensar y sentir por los demás, si logramos desarrollar una cultura de la empatía, podremos construir relaciones de confianza que acaben con el individualismo y el egocentrismo que nos lleva a ignorar el dolor ajeno y a creer que el fracaso de los demás es su problema y no el de toda nuestra sociedad.

Para responder la pregunta: ¿Cómo podemos avanzar en la construcción de una mejor Ciudadanía y una mejor Ciudad haciéndole frente al relativismo?, debemos entender que en este caso al igual que en muchos otros, “no hay recetas universalmente válidas. Mucho depende de la gestión concreta de las intervenciones”[10], y en este caso las intervenciones más efectivas son las que podemos hacer sobre cada uno de nosotros, nuestros seres queridos y entornos inmediatos, para lo cual necesitamos fortalecer nuestra capacidad de elección, privilegiando siempre lo bueno (aunque en ocasiones sea lo más difícil) y dejando de lado lo malo (aunque parezca lo más fácil, eficiente y placentero), entendiendo que nuestras acciones deben estar más orientadas hacia el deber que al placer o a la idea de la felicidad entendida como la necesidad absoluta de bienestar individual, ya que “no todo el que, con sus acciones, busca ser feliz, ha tenido necesariamente que obrar bien desde un punto de vista ético”[11].




[1] Cervantes Saavedra Miguel de, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Ediciones Universales, Bogotá, 1994, Pág. 406
[2] Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo de los  pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 43.
[3] Ibíd. Numeral 43.
[4] Ibid. Numeral 47.
[5] Ibíd. Capítulo Tercero Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil, Numeral 41.
[6] Osorio Navarro Jorge Daniel, “VIRTUDES SOCIALES”, 4 de Diciembre de 2012,  Disponible en: https://prezi.com/kilsri0xtnpm/virtudes-sociales/
[7] Op.cit. Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo  de  los pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 45.
[8] Tocqueville Alexis de, “La Democracia en América”, Fondo de Cultura Económica, México – Buenos Aires, 1963, Pág. 304.
[9] “Documento de marco sectorial de seguridad ciudadana y justicia división de capacidad institucional del estado”, Banco Interamericano de Desarrollo, Julio, 2014, Pág. 23. Disponible en: http://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/6712/Documento%20de%20Marco%20Sectorial%20de%20Seguridad%20Ciudadana%20y%20Justicia.pdf?sequence=1
[10] Op.cit. Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo  de los pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 47.
[11] Tejedor de la Iglesia César, “La teología moral en Kant: sobre virtud y felicidad”, Factótum 11, 2014, Pág. 84, Disponible en: http://www.revistafactotum.com/revista/f_11/articulos/Factotum_11_6_Cesar_Tejedor.pdf

sábado, 5 de diciembre de 2015

El Relativismo: Irrespeto y falta de convivencia

Relativismo en nuestras relaciones interpersonales: Irrespeto y falta de convivencia:

No hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando miran su propia persona.

Alexander Pope (1688-1744)

La posibilidad que ofrece el relativismo de asignar valor, importancia y significado a las ideas, situaciones, normas e instituciones, según sea el parecer de cada individuo ha llegado a la relativización del valor, la importancia y el significado de las demás personas, de la forma en que nos relacionamos, en la que conseguimos nuestros objetivos y con la cual resolvemos nuestros conflictos cotidianos.

Fuente: Revista Bogotá Mía
La resolución de conflictos mediante el dialogo requiere de la habilidad de escuchar, entender al otro y renunciar a lo superfluo que puede haber en nuestras intenciones para construir acuerdos Gana - Gana cuya base para la construcción de relaciones armónicas sea el cumplimiento de las normas que regulan nuestras interacciones en sociedad, empezando por la más importante de todas: Los 10 mandamientos de la Ley de Dios: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, No tomarás el Nombre de Dios en vano, Santificarás las fiestas, Honrarás a tu padre y a tu madre, No matarás, No cometerás actos impuros, No robarás, No dirás falso testimonio ni mentirás, No consentirás pensamientos ni deseos impuros, No codiciarás los bienes ajenos”, además de seguir con las demás disposiciones de nuestro ordenamiento legal. Mejorar las dinámicas de convivencia ciudadana es un gran desafío, especialmente en un momento histórico en el cual el YO, de cada individuo está sobrevalorado en virtud de una perspectiva de los derechos individuales mientras se desconoce el valor del OTRO y la importancia de los deberes para con los demás. Algunas personas han olvidado “que la alabanza propia envilece”[1] y actúan como si fueran seres privilegiados que devalúan y agreden a los demás.  El relativismo ha hecho que cada quien defina los parámetros que determinan su forma de relacionarse, por esa razón es muy difícil encontrar un terreno común de valores y preceptos sobre los cuales construir dinámicas de convivencia basadas en el respeto entre vecinos, compañeros de trabajo, usuarios del trasporte público y demás escenarios públicos y privados en nuestra sociedad.

De la misma forma en que nuestras interacciones de tipo económico requieren de unidad de criterios sobre nuestros elementos de intercambio (monedas y billetes), a los cuales les asignamos un valor, que es igual para todos, de tal manera que un billete de cien dólares tiene el mismo valor en el mercado para cualquier persona, así, nuestros intercambios son claros en la medida en que cada uno sabe el valor de lo que da y lo que recibe. Trayendo el ejemplo anterior al análisis de las dinámicas de convivencia, podemos ver que lamentablemente valores como el respeto, la tolerancia, el autocontrol y la solidaridad tienen un valor relativo para cada individuo dependiendo si se da o se recibe; es decir, muchas personas creen que los valores anteriormente mencionados tienen un gran valor cuando juegan a favor de ellos, pero les asignan un valor mínimo cuando se trata de respetar y tolerar a los demás, o de fijarnos niveles altos de autocontrol y construir relaciones de solidaridad con los demás. Lamentablemente creemos que lo que para nosotros es importante tiene un valor máximo, mientras que lo de los demás tiene un valor mínimo y es sujeto a ser relativizado por parte de nosotros, porque la filosofía dominante del relativismo dice erróneamente que cada quien es libre de creer, pensar y hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. De esta manera actúan quienes irrespetan la tranquilidad de los demás haciendo ruido, quienes no recogen la materia fecal de sus mascotas, quienes sacan la basura en horarios no permitidos, quienes dan limosna a los drogadictos en lugar de ayudar a personas pobres, sin vicios, que necesitan nuestra ayuda, quienes compran todo tipo de productos en el sistema de transporte, quienes no respetan el orden de llegada y entrada mediante mecanismos de organización como la fila, quienes arrojan basura en la calle, etc. Debemos tener en cuenta que “«la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber». En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno”[2].

Es importante llamar la atención sobre un antivalor que se nos ha vendido engañosamente como algo positivo, como un valor deseable e incluso digno de ser promovido: La Espontaneidad. En nuestra sociedad han hecho carrera frases como: “yo digo lo que quiero, cuando quiero y como quiero”, “yo si le digo la verdad en su cara”, “yo no tengo pelos en la lengua”, “yo digo lo que siento”, “a mí no me tiembla para decir y hacer lo que quiero”. Estas son algunas de las frases que se disfrazan de sinceridad, claridad, franqueza y muestra de un carácter fuerte, pero que en realidad legitiman la irreflexión, la falta de autocontrol, frases que además le cierran las puertas a la asertividad y que son repetidas día a día por miles de personas, escuchadas por nuestros niños y niñas, y perpetuadas como características culturales que le dan sustento a la poca calidad de nuestras dinámicas de convivencia, dándole rienda suelta a nuestras emociones, nuestros instintos, respondiendo por impulsos de manera irreflexiva y así vamos coleccionando las consecuencias de actuaciones espontaneas que lamentablemente han facilitado la creación de un entorno hostil que solo está cosechando una cultura del miedo y de violencia en nuestra sociedad.

Las personas que siempre reaccionan de manera espontánea caen en la trampa de la irreflexión y no calculan el impacto de sus acciones y de sus palabras, creando problemas de convivencia, hiriendo a los demás, generando el rechazo de quienes son agredidos, y por sobre todo, acabando con la posibilidad de desarrollar la habilidad de comprender a los demás y expresarse de la mejor manera, escogiendo los términos precisos y buscando el momento más oportuno para expresar lo que se siente de una manera adecuada. Pensar cada una de nuestras acciones para actuar de manera sabia, humilde y prudente, nos permitirá escribir con grandeza y pulcritud el libro de nuestra vida, un libro en el que siempre habrá la posibilidad de mejorar y corregir errores para escribir mejor las próximas páginas, pero del cual nunca se podrán borrar nuestras actuaciones ni sus consecuencias, tanto para nosotros como para los demás.

Un proverbio Chino nos dice que: "Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida", en la Fundación Bogotá Mía creemos que este proverbio es una excelente metáfora de las dinámicas de convivencia en nuestra querida Bogotá, donde lo que decimos, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer a nivel individual como personas e instituciones, genera un impacto colectivo que contribuye en la construcción de las dinámicas que configuran nuestra realidad. No podemos seguir permitiendo que “espontáneamente” nos pasen cosas malas.

En nuestras mentes y nuestras manos está la posibilidad de construir relaciones marcadas por el respeto y el autocontrol, ya que si bien es cierto que todos tenemos el derecho de expresar lo que pensamos y sentimos, también tenemos el deber de expresarnos con respeto por los demás y por nosotros mismos, recordando siempre que los problemas pasan pero las heridas quedan y que no podemos permitir que lo que empieza como un problema pequeño se agrande por nuestra falta de humildad, de reflexión y de autocontrol, todo lo anterior amparado en la corrosiva construcción de un ego desmedido que atiende a la ley del más fuerte. Lamentablemente muchas personas ven mecanismos de resolución de conflictos como el diálogo, la construcción de acuerdos y la denuncia o solicitud de intervención de un tercero, como actos de debilidad, además de considerarlos ineficientes, razón por la cual muchas veces deciden actuar de manera instintiva, haciendo que los problemas crezcan y generen consecuencias lamentables que llegan a ocasionar lesiones personales, rompimiento o deterioro de relaciones afectivas, pérdida de confianza, del patrimonio y lamentablemente en muchas ocasiones se causa la perdida de la vida; de allí la importancia de reconocer que si nos preparamos para actuar de manera asertiva en el momento inicial de un conflicto, estas secuelas del relativismo en nuestras dinámicas de convivencia se pueden prevenir. 

A los ciudadanos nos queda el reto de desarrollar las habilidades necesarias para actuar como diplomáticos y ajedrecistas en nuestras dinámicas cotidianas: 

ü Como diplomáticos: porque es importante que actuemos como representantes de nosotros mismos, de nuestros seres queridos y de nuestra ciudad, para eso se requiere dimensionar el valor de nuestra familia y sociedad. Debemos asumir nuestro rol como agentes encargados de mejorar nuestra calidad de vida, de nuestros seres queridos y conciudadanos, dejando de lado lecturas de la realidad en las cuales pensamos primero YO, segundo YO, tercero YO, entrando así en una dinámica que nos ahoga y erosiona la posibilidad de que los valores le den sustento a unas costumbres que propendan por el desarrollo humano integral.

ü Como ajedrecistas: porque es importante evaluar las consecuencias de nuestras acciones y optar por actuar siempre tomando la mejor decisión pensando en el largo plazo, respetando las normas que rigen nuestras actividades para avanzar en la consecución de nuestros objetivos individuales y colectivos. No podemos poner en riesgo nuestras metas a largo plazo por tomar decisiones irreflexivas de manera prematura, debemos planificar nuestras acciones en el campo laboral, académico, familiar, económico y social para vivir la vida que proyectamos, no la que nos coja a la topa tolondra, como diría P. Ducker: “la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes”, si tenemos en cuenta este mensaje no solo evitaremos conflictos sino que podremos acercarnos al cumplimiento de nuestras metas.

A las autoridades les queda el desafío de construir relaciones de confianza con la ciudadanía y crear un contexto físico y cultural que propenda por la sana convivencia y el desarrollo humano integral:

ü Construir relaciones de confianza con la ciudadanía: implementando estrategias de carácter preventivo, actuando de manera eficiente siempre que sean llamados a defender a las personas haciendo prevalecer la ley, al dirimir cualquier tipo de conflictos y por sobre todo haciendo de la administración de JUSTICIA un activo colectivo que genere confianza en las leyes y en las instituciones, para acabar con la lectura de la realidad que nos muestra que las instituciones  no castigan la maldad y que quienes quieran evadir la ley con enredos o desde cargos de poder político, social, laboral u económico lo pueden hacer porque pareciera que la ley no estuviera al servicio de la justicia. 

ü Crear un contexto físico y cultural que propenda por la sana convivencia y el desarrollo humano integral: Es necesario trabajar de manera armónica entre el sector público, el privado y la ciudadanía, además de dimensionar la importancia y las potencialidades que ofrecen los Escenarios de Hábitat, de Desarrollo Económico y de Seguridad Ciudadana propuestos por la Fundación Bogotá Mía para dar solución a los problemas que nos aquejan y proyectarnos para crear las condiciones que no solo nos resuelvan los problemas, sino que nos acerquen a un mejor nivel de calidad de vida para las actuales y futuras generaciones. Es necesario comprender el Escenario de la Seguridad Ciudadana para poder hacer Un mejor análisis de cifras y estadísticas en materia deSeguridad, Desarrollar Accionespreventivas para cerrarle espacios a la delincuencia, es necesario que el nivel institucional se pregunte si: ¿Le vamos a escriturar algunos sectores de nuestra querida Bogotá a los delincuentes?, que se implementen proyectos integrales, ambiciosos y muy bien estructurados en materia de Cultura Ciudadana que nos permitan generar las condiciones para que Acabemos con el terror vial desde el ejercicio responsable deciudadanía, entender con humildad y vocación de servicio que El Ejercicio de la Autoridad no es Discrecional ni debe estarorientado por fines Mediáticos, construir un Hábitat adecuado para la Seguridad, priorizar elOrden en el Espacio Público: Aseo. Así mismo, entender el Escenario del Hábitat nos ayudará a hacer frente al vandalismo que afecta la propiedad pública y privada, al igual que nuestro patrimonio histórico razón por la cual es importante trabajar en el Espacio Público en Bogotá: Grafiti, involucrar a la ciudadanía en proyectos que promuevan Sentido de Pertenencia, Amor por Bogotá y apropiación de nuestro espacio público para acabar con El mal uso por hábitos insalubres, igualmente, se debe ejercer autoridad de manera eficiente y promover programas de Cultura Ciudadana en el Escenario de Desarrollo Económico para acabar con la Contaminación visual por exceso de publicidad, involucrar a toda la ciudadanía en proyectos con sostenibilidad en el tiempo que nos ayuden a cuidar nuestro entorno urbano acabando con el Abandono y falta de mantenimiento de las fachadas.

De esta manera podremos hacer que en cada una de nuestras acciones prevalezca el bienestar propio y el colectivo, actuando siempre con respeto por los demás, dejando de relativizar la valoración que les damos a las personas, a las situaciones, a nuestra querida Bogotá y a nuestras normas de convivencia. Cumplir o incumplir las normas desde un criterio que siempre incline la balanza a nuestro favor es lo que ha legitimado la cultura del atajo a todo nivel en nuestra sociedad y eso es lo que tenemos que acabar.

ü Un mejor análisis de cifras y estadísticas en materia de Seguridad: http://www.fundacionbogotamia.org/reflexionseguridad.html

ü Acciones preventivas para cerrarle espacios a la delincuencia,: http://www.fundacionbogotamia.org/acciones-seguridad.html

ü ¿Le vamos a escriturar algunos sectores de nuestra querida Bogotá a los delincuentes?: http://www.fundacionbogotamia.org/cicloseguridad-3.html

ü Acabemos con el terror vial desde el ejercicio responsable de ciudadanía, http://www.fundacionbogotamia.org/terrorvial.html

ü El Ejercicio de la Autoridad no es Discrecional ni debe estar orientado por fines Mediáticos: http://www.fundacionbogotamia.org/ejercicioautoridad.html

ü Hábitat adecuado para la Seguridad: http://www.fundacionbogotamia.org/habitatseguridad.html

ü Orden en el Espacio Público: Aseo: http://www.fundacionbogotamia.org/ordenespaciopublico.html

ü Espacio Público en Bogotá: Grafiti. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo2.html

ü El mal uso por  hábitos insalubres http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo4.html

ü Contaminación visual por exceso de publicidad. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo5.html

ü Abandono y falta de mantenimiento de las fachadas. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo7.html




[1] Cervantes Saavedra Miguel de, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Ediciones Universales, Bogotá, 1994, Pág. 93
[2] Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo  Cuarto Desarrollo  de  los  pueblos, derechos  y deberes,  Ambiente, Numeral 43.

NIT: 900450111 - 4, e-mail: informacion@fundacionbogotamia.org, www.fundacionbogotamia.org

Celular: 3144863763 / 3202977055. Dirección: Carrera 3a #20-17 o 20-21. Oficina 505. BOGOTÁ - COLOMBIA