Fundación Bogotá Mía

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jueves, 24 de octubre de 2013

Los Artistas y su compromiso con Bogotá.

“Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu”.


Juan Pablo II. Papa de la Iglesia Católica.

La historia reciente de nuestra ciudad está marcada por acontecimientos lamentables con respecto al ejercicio de ciudadanía y la función pública, los Ciudadanos y Funcionarios Públicos han afectado gravemente la construcción de sentido de pertenencia y amor por nuestra querida Bogotá: la ciudad en la cual vivimos el milagro de la Vida.

Contrario a lo que debería ocurrir, hemos visto Funcionarios Públicos que desde diferentes corporaciones trabajan para favorecer Contratistas con los cuales se asocian para ganar licitaciones y así poder apropiarse de Recursos Públicos, dejando a la ciudadanía, en el mejor de los casos con una prestación de servicios o infraestructura urbana de muy mala calidad, o en el peor de los casos sin los servicios por los cuales el Estado paga a los particulares para cumplir con su propósito de ejercer gobierno y mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de nosotros.

Aunque parezca increíble, hemos visto Miembros de la Fuerza Pública provocando la muerte de ciudadanos en desarrollo de operativos policiales de control a establecimientos públicos donde brillan por su ausencia las Alcaldías Locales, las cuales deben ejercer mayor control. Han aparecido en primera página historias en las cuales las personas que tienen el honor de portar las armas de la patria asesinan a sus esposas, forman parte de grupos delincuenciales o se exceden en el ejercicio de sus funciones.

También se ha vuelto costumbre ver como se destruye el mobiliario de nuestra ciudad y se presentan actos de vandalismo y violencia contra los miembros de nuestra fuerza pública, la empresa privada y la ciudadanía en general en desarrollo del legítimo derecho a la protesta, mientras estudiantes, docentes, padres de familia, líderes políticos, gremiales y demás responsables de convocar y organizar marchas en nuestra ciudad escurren el bulto y diluyen su responsabilidad en estos actos con el ya conocido coro que dice: “Son otros quienes se infiltran y cometen estos actos”.  Lamentablemente las protestas en Bogotá tienen líderes y responsables para capitalizar imagen y opinión, pero no para responder por la frecuente destrucción de nuestra ciudad.

También hemos sabido de Funcionarios de la Rama Judicial que a cambio de dinero imparten justicia a la medida para que a sus clientes no les caiga el peso de la ley y puedan evadir las sanciones y penas establecidas en nuestro ordenamiento jurídico.

Igualmente, es común ver como se evaden las Responsabilidades Tributarias y las Sanciones Económicas por parte de la ciudadanía. Personas irresponsables y con reiteradas infracciones a las normas de Movilidad conducen día a día en nuestras calles sin que dimensionemos el peligro que representa para la sociedad este tipo de individuos que en cualquier momento pueden ocasionar una tragedia y afectar la vida de nuestros conciudadanos, la suya señor lector y la mía. Lamentablemente periódicamente se presentan indultos, amnistías y demás estrategias para recaudar recursos que le ofrecen a los morosos la posibilidad de ponerse al día con la administración, como si este fuera un problema que solo responde a una dimensión económica.

Este escenario tan desalentador es tierra fértil para la destrucción de la construcción de lo público a causa de la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus instituciones y la falta de un correcto ejercicio de ciudadanía en el cual exista equilibrio entre derechos y deberes que permita una apropiación positiva de nuestra ciudad, en la cual cada habitante tenga el valor de convertirse en un constructor de la ciudad que soñamos para nosotros, nuestros hijos, nuestros seres queridos y demás conciudadanos. Es en este contexto donde lamentablemente tiene lugar el fortalecimiento de lo privado y lo individual, mientras se abandona lo público dentro de nuestra cotidianidad.

Resulta difícil encontrar los conceptos, argumentos y razonamientos lo suficientemente persuasivos como para invitar a la sociedad a cuestionarse, a salir de la comodidad de la indiferencia, a replantear su mirada sobre la Ciudad y tomar partido como agente de cambio a favor de la construcción de una mejor Bogotá.

Los Artistas tienen la capacidad de despertar conciencias, magnificar lo bello, expresar de manera clara sentimientos, inmortalizar con maestría sus creaciones, ampliar horizontes intelectuales, cuestionar los paradigmas que construimos y legitimamos con la inercia de nuestra cotidianidad, proponer nuevas miradas, exaltar valores y sentimientos…, en definitiva, tienen la habilidad de invitarnos a conocer nuevas dimensiones y a mirar con los ojos del alma.

Nuestra querida Bogotá necesita nuevos intérpretes, no nos podemos quedar con la imagen (cierta la mayoría de las veces) que nos muestran los medios de comunicación, los cuales tienen como objetivo mostrar de manera veraz la realidad. Por supuesto que es necesario que estemos muy bien informados sobre lo que ocurre en nuestra ciudad, no estamos diciendo que nos pongamos una venda para las cosas que no nos gustan y soñemos despiertos ilusamente con la ciudad de las maravillas que no tenemos.

Debemos enfilar baterías para hacer que todos y cada uno de los miembros de la sociedad vea la ciudad con el corazón, para que dimensionemos su belleza, la majestuosidad con la que nos acoge y nos brinda los espacios en los cuales nos educamos, trabajamos, entretenemos, divertimos, enamoramos y vivimos la vida con sus penas y alegrías, con ventajas o dificultades, con logros y fracasos.

La ciudad no es una construcción ajena y fallida que tenemos que soportar, por el contrario es una obra que cimentamos día a día con nuestras acciones y omisiones. Tenemos el poder de transformar la realidad que tenemos por la que soñamos, pero para ello es necesario que valoremos lo bueno, cambiemos lo malo, nos asumamos como sujetos activos y responsables de la Ciudad. No podemos seguir actuando como criaturas indolentes que solo buscan satisfacer necesidades individuales sin pensar en los otros, ni en el mañana.

Es momento de reencontrarnos con los valores y el optimismo, aunque por muchas razones en ocasiones tengamos nuestra cabeza hacia abajo y veamos dificultades, como lo muestra la fotografía de Alexander Cruz, siempre va a estar allí la esperanza,   siempre podremos encontrar cosas buenas en medio de las dificultades, siempre habrá un faro en medio de la oscuridad y aunque no es fácil retomar el rumbo para reconstruir las dinámicas que nos afectan, seguramente la labor de los artistas nos podrá ayudar a avanzar en este propósito despertando la sensibilidad que hemos perdido y que no nos permite valorar nuestra Ciudad ni a nuestros Conciudadanos. 

Fuente: Alexander Cruz

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