Fundación Bogotá Mía

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jueves, 14 de marzo de 2013

¿Por qué comprar comida en la calle y debilitar el sector formal?

Los habitantes de una ciudad se rigen por los derechos y deberes que deben asumir, algunos los cumplen y otros actúan de acuerdo a su conveniencia, según sea la situación económica en que se encuentren y sus opiniones personales.

Un microempresario se esfuerza por generar emprendimiento para poder cumplir los objetivos propuestos, toma en arriendo un local, lo que significa una cuantía monetaria, desarrolla un plan de producción que requiere de más personas para su funcionamiento, quienes demandan un salario mensual con las respectivas  prestaciones legales, se debe realizar el pago de servicios públicos y fiscalmente se deben atender los requerimiento de ley (CÁMARA DE COMERCIO, INDUSTRIA Y COMERCIO, SAYCO Y ACINPRO, SANIDAD, BOMBEROS, IVA, entre otros.), deben determinar una cantidad de dinero en inversión de maquinaria, en equipo, aparte de la materia prima que corresponda a su actividad comercial. Además se necesita un registro de ventas, declaración de renta, libro contable y un especialista en la materia (Contador).

Para una persona del común es lógico que un empresario formal tenga que cumplir con esos parámetros legales, ENTONCES, ¿Por qué comprar en la calle? ¿Por qué la ciudadanía promueve la informalidad desde un consumo irresponsable?

Es simple, en ocasiones se compra a un “menor precio”, se desconoce la calidad y las condiciones de sanidad e higiene. Así mismo, si usted decide hacer un llamado de atención por la invasión al espacio público le pueden llover improperios e incluso llegar a una agresión física, se perjudica la movilidad, aumenta la inseguridad, no se hacen responsables por el inadecuado manejo de residuos, la mercancía puede ser asoleada y vencida, de contrabando y no se sabe su procedencia, no se pagan impuestos, ni arriendo, no existe compromiso con la sociedad,  entre otras observaciones.

Uno de los mayores problemas que se tiene en Bogotá, son los vendedores ambulantes, ellos dicen que no tienen otra opción de vida, solo la de vender en la calle sin importar dañar el proyecto de vida de muchos emprendedores o comerciantes que generan empleo y recursos a la ciudad a través del pago de sus impuestos, creen que con ubicarse justo al frente de un negocio no le hacen daño, pero en realidad sí lo hacen, ya que generan condiciones de inseguridad, disminución en ventas, basuras y aumentan el desempleo porque al no poder mantenerse, la decisión a tomar por parte del empresario formal es prescindir de los trabajadores.

Un vendedor ambulante no quiere, ni querrá nunca obtener su propio negocio legal, las razones son obvias: no tienen que cumplir un horario, no pagan servicios, no generan empleo, no pagan impuestos, podemos concluir que no quieren asumir el costo de la legalidad, no dimensionan el impacto negativo de su actividad para la sociedad ni el daño que le hacen a quienes desde la legalidad asumen el reto de generar emprendimiento.

Señor Ciudadano: Usted ha pensado alguna vez ¿de dónde proviene la comida que usted adquiere en un puesto ambulante?, ¿ha pensado si está en estado de descomposición?, (basta con asistir a un curso de manipulación de alimentos para conocer más detalladamente este proceso), ¿si se encuentra en condiciones medianamente óptimas para el consumo?, ¿ha observado su fecha de vencimiento?, ¿qué reglas sanitarias manejan?, ¿confía en el modo de preparación?

En ocasiones tienen precios favorables, precios con los cuales no pueden competir quienes tienen en un local comercial formal, ¿sabe usted en donde compran la materia prima?, el comprar más barato no garantiza una mejor calidad, lo invitamos a analizar si esa materia prima se adquiere en un lugar formal con condiciones sanitarias y de higiene dentro del margen legal, ¿será mercancía de contrabando?, ¿usted apoyaría eso?, ¿cree que comprar más barato garantiza el crecimiento y desarrollo económico de nuestra Ciudad?

Al comprar alimentos en la calle es fundamental saber la procedencia exacta de ellos, de lo contrario, como medida preventiva es aconsejable no consumirlos porque los riesgos serían mayores a los beneficios adquiridos. Algunas consecuencias son las infecciones estomacales que incluso pueden llegar en el peor de los casos a un cáncer. Ejemplos claros de estas comidas se ven todos los días en cada esquina, Perros Calientes, Arepas Rellenas, Chorizos, Empanadas, Hamburguesas, Pinchos, Porciones de Frutas, entre otros.

Los sectores universitarios nos muestran lamentables ejemplos de esta situación, no importa el estrato ni el prestigio de las universidades, desde lugares como la estación de las Aguas, ubicada en la carrera tercera con calle 19 en el centro de Bogotá, un punto de encuentro de estudiantes de universidades como los Andes, Externado, La Tadeo, y la Central entre otras, hasta la Carrera 19 con calle 50, donde la mayoría de los estudiantes de la Escuela Colombiana de Carreras Industriales ECCI fortalecen el comercio informal al consumir los productos de los vendedores ambulantes. Estos son solo dos ejemplos de una práctica que se presenta en toda nuestra ciudad y que afecta nuestro desarrollo económico gracias al consumo irresponsable y poco reflexivo.

Como ciudadanos es un acto de irresponsabilidad seguir apoyando la venta ambulante, seguramente alguno de nosotros tiene algún familiar o ha trabajado en un local comercial, en donde se aprecia de forma más clara y contundente la situación expuesta, y sabe de las consecuencias que esto conlleva. Los estudiantes y profesionales son los primeros llamados a dar ejemplo y apoyar el comercio formal, irónicamente después se recibir el grado muchos se quejan de la mala remuneración que ofrece el mercado que ellos mismos de alguna manera han ayudado a debilitar.

Recuerden, esto es una invitación directa a ejercer ciudadanía con responsabilidad en nuestra querida Bogotá, creamos en nosotros mismos, creemos empresa, seamos solidarios con el comercio formal, recuerden que entre mayor prosperidad obtenga un microempresario emprendedor, mayor empleo habrá y por ende ganamos todos, en especial  nuestra querida Bogotá.




Jose Luis Sierra Fandiño


Economista Universidad de la Salle

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