Fundación Bogotá Mía

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sábado, 20 de agosto de 2016

Escarabajo Bogotano en la Vuelta España: Una victoria más del ciclismo colombiano.

Hoy comienza la edición número 71 de la Vuelta a España, con una atapa de contrarreloj por equipos de 27,8 kilómetros en Ourense y finaliza el próximo 11 de septiembre con el paseo de la victoria en Madrid, el recorrido español cuenta con 21 etapas que se caracterizan por la montaña, característica que puede ser el perfecto escenario para nuestros escarabajos colombianos.

Fuente: HSB Noticias
Nuestro país contará con seis representantes en la Vuelta a España: 
·        Nairo Quintana (Movistar Team)
·        Esteban Chaves (Orica)
·        Miguel Ángel López (Astana)
·        Jonathan Restrepo (Katusha)
·        Sebastián Henao (Sky)
·        Darwin Atapuma (BMC)

Las victorias de Nairo Quintana lo convierten en uno de los favoritos para ganar la ronda ibérica, su tercer puesto alcanzado este año en el Tour de Francia, le permiten al país soñar con una nueva conquista en una de las competencias más importantes del mundo del ciclismo.

Cabe mencionar, que este espacio que propicia la Fundación Bogotá Mía tiene por objeto promover el sentido de pertenencia por nuestra ciudad, razón por la cual aprovecha para destacar a nuestro ciclista Bogotano, Esteban Chaves, quien también se postula como uno de los favoritos para ubicarse en el pódium o ganar la Vuelta a España, recordemos que en el 2015 ganó la segunda y sexta etapa, lideró la ronda española y terminó quinto en la general.

Durante el 2016, Esteban Chaves participó en los Juegos Olímpicos de Rio y ocupó el segundo puesto en la general del Giro de Italia, razón por la cual ha manifestado que espera hacer la mejor clasificación posible, sin embargo, nosotros sus seguidores, confiamos en que logrará grandes metas y volverá a despertar el orgullo que sentimos los Bogotanos por contar con este gran representante en un evento deportivo tan importante.

Aunque este año nuestros ciclistas colombianos se darán cita en esta competencia con otros grandes del ciclismo como son Chris Froome, campeón del Tour de Francia y Alberto Contador, le deseamos lo mejor a nuestros seis escarabajos colombianos.

Esteban Chaves

Nació el 17 de enero de 1990 (edad 26 años) en nuestra querida Bogotá y su excelente participación en la Vuelta a España del 2015 le dio la confianza a su equipo el Orica, para ubicarlo como líder, posición que todavía mantiene.

Dentro de su experiencia deportiva, cabe destacar en el 2011 ganó el Tour del Porvenir y en el 2012 ganó el Gran Premio Ciudad de Camaiore, sin embargo, el 16 de febrero de 2013 en el Trofeo Laigueglia se fracturó la clavícula, situación que lo dejo por fuera de la competencia.

Posteriormente, en octubre de 2013 fue fichado por el equipo australiano Orica GreenEDGE, con el cual consiguió dos victorias de etapa en el 2014, una en el Tour de California y la otra en la Vuelta a Suiza, por otro lado, debutó en la Vuelta a España del 2015 y se convirtió en otra gran esperanza del ciclismo colombiano, puesto que ganó dos etapas, fue líder por varios días y quedó de quinto en la general.


martes, 19 de julio de 2016

Sabías que… en la celebración del 20 de julio es importante saber esto para celebrar

Así es, todos los años nuestra querida Bogotá se convierte en el escenario más importante para celebrar el 20 de julio, día en el que celebramos la independencia que se logró en 1810 cuando nos pensamos como nación y dimos inicio a la construcción de nuestra historia.

Ese grito de independencia nació aquí, en nuestra ciudad, por esta razón todos los años disfrutamos del desfile que ofrece a la ciudadanía la Fuerza Pública, pero es importante conocer la siguiente información para que este día disfrutemos del evento y los cambios que se realizan no afecten nuestra movilidad:

Fuente: Colombia.com
¿A qué horas y en dónde se va a realizar el desfile?

El desfile inicia a las 10:30 desde la avenida 68 con calle 63 hasta la calle 80 y termina a las 2:00 pm en las instalaciones de la Escuela Militar de Cadetes “General José María Córdoba”.

sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Cómo podemos avanzar en la construcción de una mejor Ciudadanía y una mejor Ciudad haciéndole frente al relativismo?

“… y sé que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso; y que sus fines y paraderos son diferentes; porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en la muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin;[1]

En ocasiones pensamos que la solución a nuestros problemas está en las manos de personas que ocupan cargos de poder a nivel político, económico, de seguridad y administrativo, erróneamente creemos que ellos, con grandes decisiones van a cambiar la realidad que TODOS hemos construido y construimos día a día con nuestras mal llamadas “pequeñas” acciones u omisiones. Cómodamente dejamos la responsabilidad de construir una mejor sociedad en manos de los demás, creyendo que lo que cada uno de nosotros hace está bien y que los errores están en los demás. Sobredimensionamos nuestra condición como sujetos de derechos y relativizamos nuestra responsabilidad en el cumplimiento de nuestros deberes, hemos olvidado que “compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos”[2], de allí la importancia de “urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario”[3].

Debemos dejar de lado la creencia de que los “grandes” cambios dependen de “grandes” medidas tomadas por otros, es importante hacer un ejercicio de reflexión autocrítica sobre la forma en que ejercemos ciudadanía para saber si nuestro comportamiento corresponde al de un ciudadano, o por el contrario solo nos comportamos como creaturas interesadas en satisfacer a cualquier precio nuestras necesidades, buscando siempre el camino más fácil, desconociendo el valor de las demás personas, de nuestra ciudad y de toda nuestra sociedad, violando las normas, promoviendo la cultura de la ilegalidad, anulando el valor del bienestar colectivo y de lo público.  

Como resultado de esa autocritica debemos renovar nuestro compromiso individual en la construcción de una mejor ciudad, mejorando aquellos aspectos en los cuales no nos estamos comportando de la mejor manera y asumir el propósito de cualificarnos como seres humanos para ejercer ciudadanía de manera constructiva, asumiendo como propia la tarea de construir un mundo mejor para nuestros seres queridos, conciudadanos y para las actuales y futuras generaciones, recordemos que “al lado de los macroproyectos son necesarios los microproyectos y, sobre todo, es necesaria la movilización efectiva de todos los sujetos de la sociedad civil, tanto de las personas jurídicas como de las personas físicas”[4].

Contrario a la idea propia del relativismo que busca un mínimo de estado y un máximo de individuo, día a día vemos que el papel de los Estados “parece destinado a crecer, recuperando muchas competencias. Hay naciones donde la construcción o reconstrucción del Estado sigue siendo un elemento clave para su desarrollo”[5]; de la misma forma debemos redimensionar el papel de la ciudadanía para poder consolidar mejores dinámicas de relacionamiento entre nosotros y replantear nuestro impacto con el medio ambiente y nuestros entornos urbanos, creando una inteligencia colectiva que nos permita abordar de la mejor manera los desafíos inherentes a los Doce Escenarios propios de los entornos urbanos, para lo cual es necesario retomar valores, principios y virtudes sociales como la “Amistad, Lealtad Bondad, Camaradería, Cortesía, Dignidad, Fortaleza, Honradez, Justicia, Lealtad, Persuasión, Sinceridad, Solidaridad, Templanza, Veracidad”[6].

Los problemas que hoy nos afectan tienen un anclaje cultural que legitima y fortalece la cultura de la ilegalidad, el individualismo, la violencia etc., no podemos olvidar que “en efecto, mucho depende del sistema moral de referencia”[7], y es precisamente ese sistema el que tenemos que reconstruir empezando por nosotros mismos, actuando con resiliencia, optimismo, disciplina, autocontrol, trabajo y mucha confianza en el valor de nuestras decisiones diarias, ya que estas le dan forma a nuestras costumbres y estas determinan la calidad de nuestras relaciones sociales; en este momento de nuestra historia cobran importancia las palabras de Alexis de Tocqueville, quien en su obra: LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA, afirmaba estar “convencido de que la situación más afortunada y las mejores leyes no pueden mantener una constitución a despecho de las costumbres, en tanto que estas sacan aun partido de las posiciones más desfavorables y de las peores leyes. La importancia de las costumbres es una verdad común a la cual el estudio y la experiencia conducen sin cesar”[8].

El crecimiento de la población en los centros urbanos a nivel mundial trae consigo un crecimiento significativo de las necesidades a satisfacer por parte de la población, y aunque en términos generales las ciudades son lugares que ofrecen muchas oportunidades, lamentablemente, la institucionalidad pública y privada no cuenta con la posibilidad de ofrecer respuestas a todos los actores de la sociedad, a lo que se suma que “la rápida urbanización, asociada a la ausencia de adecuados servicios básicos y sociales, infraestructura e institucionalidad, contribuye a las altas tasas de criminalidad”[9].

Diariamente crece el desafío de construir las condiciones adecuadas para que en nuestras ciudades florezca el ser humano y encuentre oportunidades de desarrollo académico, económico, personal, familiar, cultural y social. Debemos hacer un esfuerzo individual y colectivo por desarrollar la habilidad de pensar y sentir por los demás, si logramos desarrollar una cultura de la empatía, podremos construir relaciones de confianza que acaben con el individualismo y el egocentrismo que nos lleva a ignorar el dolor ajeno y a creer que el fracaso de los demás es su problema y no el de toda nuestra sociedad.

Para responder la pregunta: ¿Cómo podemos avanzar en la construcción de una mejor Ciudadanía y una mejor Ciudad haciéndole frente al relativismo?, debemos entender que en este caso al igual que en muchos otros, “no hay recetas universalmente válidas. Mucho depende de la gestión concreta de las intervenciones”[10], y en este caso las intervenciones más efectivas son las que podemos hacer sobre cada uno de nosotros, nuestros seres queridos y entornos inmediatos, para lo cual necesitamos fortalecer nuestra capacidad de elección, privilegiando siempre lo bueno (aunque en ocasiones sea lo más difícil) y dejando de lado lo malo (aunque parezca lo más fácil, eficiente y placentero), entendiendo que nuestras acciones deben estar más orientadas hacia el deber que al placer o a la idea de la felicidad entendida como la necesidad absoluta de bienestar individual, ya que “no todo el que, con sus acciones, busca ser feliz, ha tenido necesariamente que obrar bien desde un punto de vista ético”[11].




[1] Cervantes Saavedra Miguel de, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Ediciones Universales, Bogotá, 1994, Pág. 406
[2] Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo de los  pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 43.
[3] Ibíd. Numeral 43.
[4] Ibid. Numeral 47.
[5] Ibíd. Capítulo Tercero Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil, Numeral 41.
[6] Osorio Navarro Jorge Daniel, “VIRTUDES SOCIALES”, 4 de Diciembre de 2012,  Disponible en: https://prezi.com/kilsri0xtnpm/virtudes-sociales/
[7] Op.cit. Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo  de  los pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 45.
[8] Tocqueville Alexis de, “La Democracia en América”, Fondo de Cultura Económica, México – Buenos Aires, 1963, Pág. 304.
[9] “Documento de marco sectorial de seguridad ciudadana y justicia división de capacidad institucional del estado”, Banco Interamericano de Desarrollo, Julio, 2014, Pág. 23. Disponible en: http://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/6712/Documento%20de%20Marco%20Sectorial%20de%20Seguridad%20Ciudadana%20y%20Justicia.pdf?sequence=1
[10] Op.cit. Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto Desarrollo  de los pueblos, derechos y deberes, ambiente, Numeral 47.
[11] Tejedor de la Iglesia César, “La teología moral en Kant: sobre virtud y felicidad”, Factótum 11, 2014, Pág. 84, Disponible en: http://www.revistafactotum.com/revista/f_11/articulos/Factotum_11_6_Cesar_Tejedor.pdf

sábado, 5 de diciembre de 2015

El Relativismo: Irrespeto y falta de convivencia

Relativismo en nuestras relaciones interpersonales: Irrespeto y falta de convivencia:

No hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando miran su propia persona.

Alexander Pope (1688-1744)

La posibilidad que ofrece el relativismo de asignar valor, importancia y significado a las ideas, situaciones, normas e instituciones, según sea el parecer de cada individuo ha llegado a la relativización del valor, la importancia y el significado de las demás personas, de la forma en que nos relacionamos, en la que conseguimos nuestros objetivos y con la cual resolvemos nuestros conflictos cotidianos.

Fuente: Revista Bogotá Mía
La resolución de conflictos mediante el dialogo requiere de la habilidad de escuchar, entender al otro y renunciar a lo superfluo que puede haber en nuestras intenciones para construir acuerdos Gana - Gana cuya base para la construcción de relaciones armónicas sea el cumplimiento de las normas que regulan nuestras interacciones en sociedad, empezando por la más importante de todas: Los 10 mandamientos de la Ley de Dios: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, No tomarás el Nombre de Dios en vano, Santificarás las fiestas, Honrarás a tu padre y a tu madre, No matarás, No cometerás actos impuros, No robarás, No dirás falso testimonio ni mentirás, No consentirás pensamientos ni deseos impuros, No codiciarás los bienes ajenos”, además de seguir con las demás disposiciones de nuestro ordenamiento legal. Mejorar las dinámicas de convivencia ciudadana es un gran desafío, especialmente en un momento histórico en el cual el YO, de cada individuo está sobrevalorado en virtud de una perspectiva de los derechos individuales mientras se desconoce el valor del OTRO y la importancia de los deberes para con los demás. Algunas personas han olvidado “que la alabanza propia envilece”[1] y actúan como si fueran seres privilegiados que devalúan y agreden a los demás.  El relativismo ha hecho que cada quien defina los parámetros que determinan su forma de relacionarse, por esa razón es muy difícil encontrar un terreno común de valores y preceptos sobre los cuales construir dinámicas de convivencia basadas en el respeto entre vecinos, compañeros de trabajo, usuarios del trasporte público y demás escenarios públicos y privados en nuestra sociedad.

De la misma forma en que nuestras interacciones de tipo económico requieren de unidad de criterios sobre nuestros elementos de intercambio (monedas y billetes), a los cuales les asignamos un valor, que es igual para todos, de tal manera que un billete de cien dólares tiene el mismo valor en el mercado para cualquier persona, así, nuestros intercambios son claros en la medida en que cada uno sabe el valor de lo que da y lo que recibe. Trayendo el ejemplo anterior al análisis de las dinámicas de convivencia, podemos ver que lamentablemente valores como el respeto, la tolerancia, el autocontrol y la solidaridad tienen un valor relativo para cada individuo dependiendo si se da o se recibe; es decir, muchas personas creen que los valores anteriormente mencionados tienen un gran valor cuando juegan a favor de ellos, pero les asignan un valor mínimo cuando se trata de respetar y tolerar a los demás, o de fijarnos niveles altos de autocontrol y construir relaciones de solidaridad con los demás. Lamentablemente creemos que lo que para nosotros es importante tiene un valor máximo, mientras que lo de los demás tiene un valor mínimo y es sujeto a ser relativizado por parte de nosotros, porque la filosofía dominante del relativismo dice erróneamente que cada quien es libre de creer, pensar y hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. De esta manera actúan quienes irrespetan la tranquilidad de los demás haciendo ruido, quienes no recogen la materia fecal de sus mascotas, quienes sacan la basura en horarios no permitidos, quienes dan limosna a los drogadictos en lugar de ayudar a personas pobres, sin vicios, que necesitan nuestra ayuda, quienes compran todo tipo de productos en el sistema de transporte, quienes no respetan el orden de llegada y entrada mediante mecanismos de organización como la fila, quienes arrojan basura en la calle, etc. Debemos tener en cuenta que “«la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber». En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno”[2].

Es importante llamar la atención sobre un antivalor que se nos ha vendido engañosamente como algo positivo, como un valor deseable e incluso digno de ser promovido: La Espontaneidad. En nuestra sociedad han hecho carrera frases como: “yo digo lo que quiero, cuando quiero y como quiero”, “yo si le digo la verdad en su cara”, “yo no tengo pelos en la lengua”, “yo digo lo que siento”, “a mí no me tiembla para decir y hacer lo que quiero”. Estas son algunas de las frases que se disfrazan de sinceridad, claridad, franqueza y muestra de un carácter fuerte, pero que en realidad legitiman la irreflexión, la falta de autocontrol, frases que además le cierran las puertas a la asertividad y que son repetidas día a día por miles de personas, escuchadas por nuestros niños y niñas, y perpetuadas como características culturales que le dan sustento a la poca calidad de nuestras dinámicas de convivencia, dándole rienda suelta a nuestras emociones, nuestros instintos, respondiendo por impulsos de manera irreflexiva y así vamos coleccionando las consecuencias de actuaciones espontaneas que lamentablemente han facilitado la creación de un entorno hostil que solo está cosechando una cultura del miedo y de violencia en nuestra sociedad.

Las personas que siempre reaccionan de manera espontánea caen en la trampa de la irreflexión y no calculan el impacto de sus acciones y de sus palabras, creando problemas de convivencia, hiriendo a los demás, generando el rechazo de quienes son agredidos, y por sobre todo, acabando con la posibilidad de desarrollar la habilidad de comprender a los demás y expresarse de la mejor manera, escogiendo los términos precisos y buscando el momento más oportuno para expresar lo que se siente de una manera adecuada. Pensar cada una de nuestras acciones para actuar de manera sabia, humilde y prudente, nos permitirá escribir con grandeza y pulcritud el libro de nuestra vida, un libro en el que siempre habrá la posibilidad de mejorar y corregir errores para escribir mejor las próximas páginas, pero del cual nunca se podrán borrar nuestras actuaciones ni sus consecuencias, tanto para nosotros como para los demás.

Un proverbio Chino nos dice que: "Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida", en la Fundación Bogotá Mía creemos que este proverbio es una excelente metáfora de las dinámicas de convivencia en nuestra querida Bogotá, donde lo que decimos, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer a nivel individual como personas e instituciones, genera un impacto colectivo que contribuye en la construcción de las dinámicas que configuran nuestra realidad. No podemos seguir permitiendo que “espontáneamente” nos pasen cosas malas.

En nuestras mentes y nuestras manos está la posibilidad de construir relaciones marcadas por el respeto y el autocontrol, ya que si bien es cierto que todos tenemos el derecho de expresar lo que pensamos y sentimos, también tenemos el deber de expresarnos con respeto por los demás y por nosotros mismos, recordando siempre que los problemas pasan pero las heridas quedan y que no podemos permitir que lo que empieza como un problema pequeño se agrande por nuestra falta de humildad, de reflexión y de autocontrol, todo lo anterior amparado en la corrosiva construcción de un ego desmedido que atiende a la ley del más fuerte. Lamentablemente muchas personas ven mecanismos de resolución de conflictos como el diálogo, la construcción de acuerdos y la denuncia o solicitud de intervención de un tercero, como actos de debilidad, además de considerarlos ineficientes, razón por la cual muchas veces deciden actuar de manera instintiva, haciendo que los problemas crezcan y generen consecuencias lamentables que llegan a ocasionar lesiones personales, rompimiento o deterioro de relaciones afectivas, pérdida de confianza, del patrimonio y lamentablemente en muchas ocasiones se causa la perdida de la vida; de allí la importancia de reconocer que si nos preparamos para actuar de manera asertiva en el momento inicial de un conflicto, estas secuelas del relativismo en nuestras dinámicas de convivencia se pueden prevenir. 

A los ciudadanos nos queda el reto de desarrollar las habilidades necesarias para actuar como diplomáticos y ajedrecistas en nuestras dinámicas cotidianas: 

ü Como diplomáticos: porque es importante que actuemos como representantes de nosotros mismos, de nuestros seres queridos y de nuestra ciudad, para eso se requiere dimensionar el valor de nuestra familia y sociedad. Debemos asumir nuestro rol como agentes encargados de mejorar nuestra calidad de vida, de nuestros seres queridos y conciudadanos, dejando de lado lecturas de la realidad en las cuales pensamos primero YO, segundo YO, tercero YO, entrando así en una dinámica que nos ahoga y erosiona la posibilidad de que los valores le den sustento a unas costumbres que propendan por el desarrollo humano integral.

ü Como ajedrecistas: porque es importante evaluar las consecuencias de nuestras acciones y optar por actuar siempre tomando la mejor decisión pensando en el largo plazo, respetando las normas que rigen nuestras actividades para avanzar en la consecución de nuestros objetivos individuales y colectivos. No podemos poner en riesgo nuestras metas a largo plazo por tomar decisiones irreflexivas de manera prematura, debemos planificar nuestras acciones en el campo laboral, académico, familiar, económico y social para vivir la vida que proyectamos, no la que nos coja a la topa tolondra, como diría P. Ducker: “la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes”, si tenemos en cuenta este mensaje no solo evitaremos conflictos sino que podremos acercarnos al cumplimiento de nuestras metas.

A las autoridades les queda el desafío de construir relaciones de confianza con la ciudadanía y crear un contexto físico y cultural que propenda por la sana convivencia y el desarrollo humano integral:

ü Construir relaciones de confianza con la ciudadanía: implementando estrategias de carácter preventivo, actuando de manera eficiente siempre que sean llamados a defender a las personas haciendo prevalecer la ley, al dirimir cualquier tipo de conflictos y por sobre todo haciendo de la administración de JUSTICIA un activo colectivo que genere confianza en las leyes y en las instituciones, para acabar con la lectura de la realidad que nos muestra que las instituciones  no castigan la maldad y que quienes quieran evadir la ley con enredos o desde cargos de poder político, social, laboral u económico lo pueden hacer porque pareciera que la ley no estuviera al servicio de la justicia. 

ü Crear un contexto físico y cultural que propenda por la sana convivencia y el desarrollo humano integral: Es necesario trabajar de manera armónica entre el sector público, el privado y la ciudadanía, además de dimensionar la importancia y las potencialidades que ofrecen los Escenarios de Hábitat, de Desarrollo Económico y de Seguridad Ciudadana propuestos por la Fundación Bogotá Mía para dar solución a los problemas que nos aquejan y proyectarnos para crear las condiciones que no solo nos resuelvan los problemas, sino que nos acerquen a un mejor nivel de calidad de vida para las actuales y futuras generaciones. Es necesario comprender el Escenario de la Seguridad Ciudadana para poder hacer Un mejor análisis de cifras y estadísticas en materia deSeguridad, Desarrollar Accionespreventivas para cerrarle espacios a la delincuencia, es necesario que el nivel institucional se pregunte si: ¿Le vamos a escriturar algunos sectores de nuestra querida Bogotá a los delincuentes?, que se implementen proyectos integrales, ambiciosos y muy bien estructurados en materia de Cultura Ciudadana que nos permitan generar las condiciones para que Acabemos con el terror vial desde el ejercicio responsable deciudadanía, entender con humildad y vocación de servicio que El Ejercicio de la Autoridad no es Discrecional ni debe estarorientado por fines Mediáticos, construir un Hábitat adecuado para la Seguridad, priorizar elOrden en el Espacio Público: Aseo. Así mismo, entender el Escenario del Hábitat nos ayudará a hacer frente al vandalismo que afecta la propiedad pública y privada, al igual que nuestro patrimonio histórico razón por la cual es importante trabajar en el Espacio Público en Bogotá: Grafiti, involucrar a la ciudadanía en proyectos que promuevan Sentido de Pertenencia, Amor por Bogotá y apropiación de nuestro espacio público para acabar con El mal uso por hábitos insalubres, igualmente, se debe ejercer autoridad de manera eficiente y promover programas de Cultura Ciudadana en el Escenario de Desarrollo Económico para acabar con la Contaminación visual por exceso de publicidad, involucrar a toda la ciudadanía en proyectos con sostenibilidad en el tiempo que nos ayuden a cuidar nuestro entorno urbano acabando con el Abandono y falta de mantenimiento de las fachadas.

De esta manera podremos hacer que en cada una de nuestras acciones prevalezca el bienestar propio y el colectivo, actuando siempre con respeto por los demás, dejando de relativizar la valoración que les damos a las personas, a las situaciones, a nuestra querida Bogotá y a nuestras normas de convivencia. Cumplir o incumplir las normas desde un criterio que siempre incline la balanza a nuestro favor es lo que ha legitimado la cultura del atajo a todo nivel en nuestra sociedad y eso es lo que tenemos que acabar.

ü Un mejor análisis de cifras y estadísticas en materia de Seguridad: http://www.fundacionbogotamia.org/reflexionseguridad.html

ü Acciones preventivas para cerrarle espacios a la delincuencia,: http://www.fundacionbogotamia.org/acciones-seguridad.html

ü ¿Le vamos a escriturar algunos sectores de nuestra querida Bogotá a los delincuentes?: http://www.fundacionbogotamia.org/cicloseguridad-3.html

ü Acabemos con el terror vial desde el ejercicio responsable de ciudadanía, http://www.fundacionbogotamia.org/terrorvial.html

ü El Ejercicio de la Autoridad no es Discrecional ni debe estar orientado por fines Mediáticos: http://www.fundacionbogotamia.org/ejercicioautoridad.html

ü Hábitat adecuado para la Seguridad: http://www.fundacionbogotamia.org/habitatseguridad.html

ü Orden en el Espacio Público: Aseo: http://www.fundacionbogotamia.org/ordenespaciopublico.html

ü Espacio Público en Bogotá: Grafiti. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo2.html

ü El mal uso por  hábitos insalubres http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo4.html

ü Contaminación visual por exceso de publicidad. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo5.html

ü Abandono y falta de mantenimiento de las fachadas. http://www.fundacionbogotamia.org/civygamb-articulo7.html




[1] Cervantes Saavedra Miguel de, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, Ediciones Universales, Bogotá, 1994, Pág. 93
[2] Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo  Cuarto Desarrollo  de  los  pueblos, derechos  y deberes,  Ambiente, Numeral 43.

sábado, 28 de noviembre de 2015

El Relativismo y el incumplimiento de normas de tránsito.

Incumplimiento de normas de tránsito:

Las construcciones culturales propias del relativismo llevadas al Escenario de la Movilidad han creado un entorno favorable para la violencia vial que nos azota, aumentando la falta de competitividad de nuestra sociedad, afectando psicológicamente a nuestros conciudadanos y empeorando las dinámicas de convivencia en este Escenario. 

No puede ser de otra manera si tenemos en cuenta que hay quienes le han cambiado el significado a las señales de tránsito y a los elementos del mobiliario urbano, ahora resulta que cada quien quiere definir cuál es su uso según le convenga, porque desde el relativismo cada quien le puede asignar el valor y el significado que quiera a lo que quiera, a continuación presentamos 3 ejemplos de esta situación:

Fuente: Revista Bogotá Mía
 ü Hay quienes creen que la luz color naranja del semáforo no da aviso para alistarse a parar, sino que por el contrario la consideran  una indicación para acelerar, a ver si alcanzan a pasar, poniendo en riesgo a los demás actores de la movilidad; o que la intermitencia en la luz verde para peatones y bicicletas fuera una señal de partida para que los ciudadanos hagan gala de sus habilidades atléticas y así poder alcanzar a pasar en un breve periodo de tiempo en lugar de parar y esperar.

ü Para muchas personas los vehículos más que un medio de transporte son símbolos de estatus, por esa razón no pierden ningún evento social en el que puedan hacer alarde de su vehículo, consumir licor y conducir sin importar que este tipo de comportamientos le puedan infringir daño a personas inocentes que se ven afectadas en los accidentes de tránsito producidos por quienes con la complicidad de familiares y amigos deciden conducir en estado de embriaguez, pensando de manera equivocada que si para ellos está bien conducir en ese estado, entonces nadie puede impedírselo y están en todo su derecho. 

ü En los vehículos de transporte publico reina la anomia, vendedores ambulantes y drogadictos han encontrado en nuestro sistema de transporte una fuente de financiamiento gracias a miles de pasajeros que le compran sus productos y les dan dinero de manera irresponsable para consumir drogas, la inadecuada implementación gradual del sistema y la falta de compromiso por parte de las autoridades con la consolidación de un sistema de transporte público ordenado han permitido que el sistema sea lo que cada ciudadano quiera de él; así para unos es un escenario de enfrentamiento entre fanáticos violentos de los equipos deportivos, para otros es una lugar para robar, para vender, para mendigar, y otros lo ven como un espacio propicio para agredir a las mujeres acosándolas y aprovechando la congestión para faltarles al respeto, incluso hay quienes lo utilizan como dormitorio y se acuestan en los fuelles de los buses articulados de Transmilenio, etc. Todo lo anterior se hace según sea el parecer de cada ciudadano desde una mirada que relativiza el uso y la función de los componentes de nuestro sistema de transporte sin que exista una autoridad que genere dinámicas de respeto que nos permitan mejorar la convivencia.

Muchos de los problemas que nos afectan son el resultado de la materialización de la filosofía relativista que lleva a muchas personas a creer que lo que está bien y lo que está mal es relativo a lo que cada uno opina, puesto que cada uno le asigna valor a sus acciones u omisiones y así le van escurriendo el bulto al cumplimiento de las normas de tránsito, amparados en la falta de un correcto ejercicio de autoridad que existe gracias a la incoherencia institucional que no nos ha permitido identificar un rumbo hacia el cual todos debamos redirigir las dinámicas de nuestra querida Bogotá.  

En el Escenario de la Movilidad reina la falta de autocontrol, muchas personas se mueven basadas en una idea de libertad absoluta, se dejan llevar por sus impulsos, actúan sin prudencia y esa falta de autocontrol no nos permite construir relaciones de confianza. No podemos entregarle la capacidad de regular nuestros comportamientos ni a nuestros instintos ni al miedo a las consecuencias de carácter penal o económico que se pueden derivar de las malas actuaciones; por el contrario, nuestros comportamientos deben ser regulados por nuestra conciencia, no podemos seguir comportándonos como entes o creaturas indolentes que no se estremecen por el dolor ajeno, por el dolor de los demás seres humanos, nos hemos venido acostumbrado a ver como se descompone y degrada el milagro de la vida desde una mirada indolente, relativista y egocéntrica que solo reconoce la importancia de los derechos propios y de los seres queridos, pero le damos la espalda a la injusticia y la violencia cuando tocan a la puerta de nuestro vecino, así, alimentamos estos monstruos que en algún momento pueden tocar a nuestra puerta. Nuestra actitud frente a la situación actual de relativismo y violencia en el escenario de la movilidad debería hacernos recordar la célebre frase de Montesquieu: “Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad”, si señores, y de esa sociedad formamos parte usted y yo, sus seres queridos y los míos, conocidos y extraños.

Nos queda el desafío de abrir los ojos del alma, para valorar y hacernos protectores de uno de los milagros del universo: los seres humanos. Ojala que pronto, todos podamos decir al igual que Cicerón: “Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo”, y dejemos de relativizar la importancia del cumplimiento de las normas de tránsito, ya que muchos de nuestros muertos lo son gracias a que en lugar de cumplir las normas y actuar de manera reflexiva hay quienes dicen: “un traguito no hace daño, yo así manejo bien, el problema es la policía de tránsito”, “el semáforo estaba en rojo, pero yo no vi ningún carro”, “eso yo mando a revisar el carro la otra semana”, “yo no uso el casco de la bici porque esa medida no me la consultaron”, “si el del carro me vio pues que frene”, “yo llevo sencillo por si me coge la policía”, etc.

De nosotros depende cambiar este tipo de patrones culturales y sustituirlos por unos que nos permitan valorarnos y protegernos en el marco de una cultura de la seguridad y la confianza, entendiendo que lo peor que nos puede pasar no es que nos impongan una sanción, sino hacerle daño a otro ser humano, a nuestra ciudad o a nosotros mismos, recordando que por cada víctima directa de la violencia vial hay varias víctimas indirectas, que sufren de igual manera, como familiares y amigos de quienes resultan muertos o sufren lesiones físicas y mentales. Debemos hacer de nuestra propia conciencia un activo intangible, porque como decía Immanuel Kant: “La conciencia es un instinto que nos lleva a juzgarnos a la luz de las leyes morales”.


viernes, 20 de noviembre de 2015

El Relativismo y los Habitantes de Calle

Habitantes de calle: 

Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.
Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

Me avergüenzo de esos filósofos que no quieren desterrar ningún vicio si no está castigado por el juez.
Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

Este es uno de los casos en los que podemos ver con precisión como el relativismo ha distorsionado nuestra percepción, llevándonos a evadir nuestra responsabilidad en la recuperación de los seres humanos que caen en esta condición. Aquí, una vez más aparecen los discursos sibilinos que promueven el pluralismo, el libre desarrollo de la personalidad y la libertad de actuar, creer y vivir como cada quien quiera, defendiendo una libertad negativa que desconoce la corresponsabilidad y justifica nuestra falta de voluntad y de acción bajo la sombrilla de una falsa evolución del pensamiento y la tolerancia social, llevadas al límite, para justificar y defender la descomposición humana frente a la indolencia de todos los actores de la sociedad. 


El incremento de los habitantes de calle en nuestra querida Bogotá y en todo nuestro país es el resultado de varias fallas de tipo personal, estructural y multisectorial en nuestra sociedad y nuestras instituciones, a manera de ejemplo podemos mencionar brevemente las siguientes:

ü Estamos perdiendo la guerra contra los narcotraficantes que promueven el consumo en nuestros menores para ampliar y consolidar un mercado en el que jóvenes de colegios y universidades son consumidores. Lamentablemente a este fenómeno se le ha denominado micro-tráfico y se han implementado micro-soluciones que no han sido efectivas y por el contrario han permitido que estos narcotraficantes lleguen a promover el consumo en nuestros menores de edad.

ü La Familia, como la primera y más importante institución de formación de ciudadanos se ha debilitado, lo que ha permitido que nuestros jóvenes tomen referentes negativos y hagan un mal uso de su tiempo, cuerpo y mente, amparados en una legislación y una cultura sumamente permisivas y carentes de cualquier sentido de construcción de ciudadanía y tejido social.

ü No tenemos una oferta institucional adecuada para darle la mano a quienes a causa del abandono de sus parientes, la muerte de familiares y la inexistencia de una red de apoyo que los proteja, se ven obligados a vivir en la calle.

ü No contamos con programas institucionales eficientes y ambiciosos de prevención y tratamiento en materia de salud mental, que le brinden a nuestra población la asistencia profesional adecuada para evitar que personas con problemas mentales abandonen sus hogares y lleguen a vivir en las precarias condiciones de la calle.

ü La administración pública, el sector privado y la sociedad no ha considerado importante construir una cultura favorable a la vida sana, a la promoción del deporte, el arte y demás actividades que permitan desarrollar y construir lo mejor de cada individuo. La oferta institucional en materia del uso y aprovechamiento del tiempo por parte de nuestros jóvenes es insuficiente para hacerle frente a la cultura que promueve el consumo de drogas, alcohol y la cultura de la ilegalidad.

ü Hemos asumido que los habitantes de calle son parte del paisaje y que es nuestro deber respetar, aceptar su condición, y “dejar así” sin importar el precio que tenemos que pagar a nivel colectivo en materia de seguridad, salubridad, convivencia, y desarrollo económico, entre otros aspectos, todo lo anterior con los pretextos del pluralismo y la tolerancia, con los cuales justificamos el abandono en el que se encuentran estas personas que deben ser rescatadas de ese infierno por su bien y el de toda nuestra sociedad.

ü Muchas familias generan dinámicas de agresión que no le permiten a nuestros jóvenes construir relaciones de confianza y seguridad con su entorno familiar más cercano, razón por la cual estas familias se convierten en expulsoras de los miembros más jóvenes y vulnerables, situación que los puede llevar a buscar salidas perjudiciales para todos en el corto, mediano y largo plazo. En esta dirección hace falta incorporar programas de capacitación para que cada uno de los miembros de la familia dimensione su rol y actúe de manera corresponsable, solidaria y constructiva con el primer escenario de construcción de sociedad: La Familia.

¿Cómo ha permeado el relativismo la forma en que vemos y tratamos a los habitantes de calle?

ü Hemos evadido nuestra responsabilidad en la generación de las condiciones que le facilitan a las personas llegar y especialmente permanecer habitando la calle cuando hacemos rentable esta actividad y le damos dinero a los habitantes de calle, financiando su consumo y debilitando los programas de atención que le brinda el Estado a esta población. Por una parte decimos que es el Estado quien debe brindarles atención y proteger sus derechos fundamentales mientras que con nuestra limosna los incentivamos a seguir ejerciendo la mendicidad, la intimidación y consumiendo las sustancias que los degradan y fortalecen las estructuras delictivas que comercian este tipo de sustancias. No podemos seguir descargando toda la responsabilidad en el Estado recordándole a los funcionarios que el artículo 13 de nuestra constitución señala que “el Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta (...)”  mientras con buenas, pero poco inteligentes intenciones financiamos su consumo y fortalecemos las cadenas que los atan a la drogadicción y a vivir en la calle.

ü No podemos seguir tolerando que otros seres humanos vivan en esta condición disfrazando nuestra indolencia con  un discurso vacío de respeto a la diversidad, el pluralismo y la tolerancia, mientras estas personas se descomponen, roban y asesinan para financiar su consumo. Recordemos que la Corte Constitucional en 1997, en la Sentencia T 046 de 1997 señalaba que: “La indigencia constituye uno de los problemas sociales más notorios y sensibles del país, si se tiene en cuenta que quienes carecen de recursos económicos mínimos para subsistir, se encuentran igualmente en muchos casos incapacitados para trabajar debido a su edad o estado de salud y, además, adolecen de una familia que les brinde apoyo tanto material como espiritual. (…) Ciertamente el estado de indigencia atenta contra la eficacia de los derechos fundamentales”. Debemos implementar programas de acción que promuevan la inserción social de estas personas desde una perspectiva de salud pública que no le cierre espacios a medidas de carácter penal cuando el consumidor haya delinquido y afectado a los demás para satisfacer su drogodependencia, drogadicción o farmacodependencia, como la quieran llamar. Lo anterior demuestra que “hoy se da una profunda contradicción. Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y superfluo, con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad”[1], no solo por las instituciones públicas y privadas, sino también por parte de  los actores de la sociedad civil, quienes a su vez se ven afectados por el comportamiento de los habitantes de calle.

ü Gradualmente hemos venido aceptando falsas premisas en defensa del todo vale, el deje así, y el cada quien puede elegir lo que quiera, pensando erróneamente que las decisiones individuales no tienen ningún impacto en los demás, hemos olvidado que “el desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma”[2], también hemos devaluado el papel de la autoridad en la formación de los seres humanos, ¿Para qué autoridad si cada quien es libre de pensar y actuar como quiera? ¿Para qué educar en valores como el respeto, la solidaridad, la prudencia y la amistad; si cada quien es libre de armar su paquete de valores o anti valores según le convenga? Nos ahogamos en el mar del relativismo al creer que todos somos libres por naturaleza y al defender irracionalmente el “derecho” a una libertad negativa que aparentemente permite el desarrollo pleno del individuo, cuando en realidad nos limita, y en lugar de permitirnos elevar nuestro espíritu, nos ancla en el mundo de los vicios, el egoísmo, la violencia y la cultura del menor esfuerzo, madre de la cultura de la ilegalidad y de la mediocridad que no permiten que mejoremos nuestra calidad de vida. Hoy pagamos un precio muy alto por el impacto que causa la defensa a ultranza de una libertad negativa sin restricciones que ofrece engañosamente la posibilidad de volar por el mundo como águilas y realmente nos limita, permitiéndonos en el mejor de los casos volar como las gallinas, cuando no nos hace arrastrar por el mundo, bajo el amparo engañoso de la libertad por la libertad. Y así vamos por el mundo, siendo testigos del debilitamiento de cualquier idea de Autoridad, empezando por el papel de los padres de familia, quienes cada vez tienen menos tiempo y menos herramientas para formar a sus hijos, también el papel de los maestros, quienes no trabajan con las mejores condiciones y tienen que hacer frente a situaciones adversas en materia de salarios y promoción profesional, lo que desincentiva a que los mejores opten por esta noble, importante y vital profesión para las sociedades. Y terminando con el lamentable ejemplo que dan muchos funcionarios públicos (no todos) quienes deslegitiman el rol de la Autoridad actuando en beneficio personal y anulando el interés colectivo, materializan sus fallas en actos de corrupción, omisión en el cumplimiento de sus funciones, trabajando mediocremente o trabajando con el mínimo de sus capacidades y vocación de servicio cobijado con la certeza de que hagan o no hagan, trabajando bien o trabajando mal su sueldo va a llegar cada mes.  

ü Llegados a este punto de la lectura, amigo lector o amiga lectora, usted entenderá que cuando se confronta el relativismo de moda que tanto nos afecta, la cultura de la ilegalidad, de la indiferencia, del todo vale y del deje así,  aparecen quienes califican esta labor como propia de posiciones sectarias, fanáticas e intolerantes. Esa es la lectura que hacen quienes creen que  todos los puntos de vista son válidos, y rechazan incluso la evidente descomposición biológica, psicológica, social, familiar y cultural a la que se exponen quienes consumen drogas y viven en la calle. Hay quienes no quieren entender que no se puede defender una idea de desarrollo personal “a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneración. Nuestra libertad está originariamente caracterizada por nuestro ser, con sus propias limitaciones. Ninguno da forma a la propia conciencia de manera arbitraria, sino que todos construyen su propio «yo» sobre la base de un «sí mismo» que nos ha sido dado. No sólo las demás personas se nos presentan como no disponibles, sino también nosotros para nosotros mismos. El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma”[3].

A continuación presentamos a manera de conclusión algunas sugerencias para que todos le hagamos frente con nuestras acciones diarias a este paradigma relativista que encadena a quienes se encuentran habitando la calle y que legitiman dinámicas que nos afectan a todos como sociedad: 

ü Denuncie las bandas de Microtráfico que están destruyendo a nuestros jóvenes en  colegios y universidades.

ü Adviértale a sus hijos de las posibles ofertas que estos delincuentes les pueden hacer y el peligro que representan, porque consumir drogas no es un acto de astucia sino de autodestrucción.

ü Promueva desde su hogar y con todos los miembros de su Familia el correcto uso del tiempo, el cuerpo y la mente, para avanzar en la construcción de mejores seres humanos y por ende de una mejor ciudadanía.

ü Evalué sus actuaciones para que no sea usted quien propicie dinámicas de agresión en su hogar, para que sus acciones no resulten siendo las expulsoras de los miembros más vulnerables de su familia, recuerde que se puede ejercer autoridad sin necesidad de maltratar física y psicológicamente a nadie, las correcciones y los llamados al orden se deben hacer con firmeza, inteligencia, pero por sobre todo con mucho amor.

ü Bríndele su apoyo a quienes a causa del abandono de sus parientes, la muerte de familiares y la inexistencia de una red de apoyo que los proteja, se ven obligados a vivir en la calle. Si usted no los puede ayudar busque apoyo en el ICBF, en las Comisarias de Familia y demás instituciones que lo puedan orientar para apoyar a quien más lo necesita.

ü Construyamos desde el hogar una cultura favorable a la vida sana, a la promoción del deporte, el arte, la formación académica y demás actividades que permitan desarrollar y construir lo mejor de cada individuo. Cerrémosle la puerta al consumo de drogas, alcohol y la cultura de la ilegalidad.

ü Debemos entender que los habitantes de calle no son parte del paisaje y debemos hacer todo lo posible para que superen esa condición, no podemos seguir con la cultura del  “deje así”, esto lo único que hace es aumentar su proceso de degradación y permite que crezcan muchos más problemas sociales.

ü Al dar limosna y regalar comida facilitamos a las personas llegar y especialmente permanecer habitando la calle. No podemos hacer rentable esta actividad financiando su consumo porque al hacerlo debilitamos los programas de atención que le brinda el Estado a esta población, fortalecemos a las bandas de Microtráfico y los atamos más a su situación de drogodependencia.

ü No aceptemos las falsas premisas en defensa del todo vale, el deje así, y el cada quien puede elegir lo que quiera, porque las decisiones individuales SI tienen un impacto en los demás.

ü Recuperemos el principio de Autoridad en el hogar enseñando con el ejemplo, viviendo una vida sana y  educando en  valores como el respeto, la solidaridad, la prudencia y la amistad.  

ü No podemos desconocer la evidente descomposición biológica, psicológica, social, familiar y cultural a la que se exponen quienes consumen drogas y viven en la calle. No podemos ser indiferentes, debemos hacer algo.

ü Señores Funcionarios Públicos: Por favor creen programas institucionales eficientes y ambiciosos de prevención y tratamiento en materia de salud mental, ya que muchas personas con problemas mentales son muy vulnerables y pueden llegar a vivir en la calle. Urgentemente debemos recuperar a quienes a causa de enfermedades mentales hoy se encuentran en esta situación.  





[1] Sumo Pontífice Benedicto XVI, “Carta Encíclica Caritas in Veritate”, Capítulo Cuarto: Desarrollo  de  los  pueblos, derechos  y deberes,  Ambiente, Numeral 43.
[2] Ibíd. Capítulo Sexto: El desarrollo  de  los  pueblos y  la  técnica, Numeral 68.
[3] Ibíd. Capítulo Sexto: El  desarrollo de los pueblos y la técnica, Numeral 68. 

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